Piero Dri

Tecnologia para el artesano

Piero Dri, el Loco fabricante de fórcolas

Hay objetos bellos, y hay objetos útiles. Un sofisticado dandy pronunció la teoría, intencionadamente provocadora tal vez, de que un objeto, para poderse considerar verdaderamente hermoso, no puede tener ninguna utilidad.

La verdad es que no es fácil encontrar un objeto que combine gran utilidad y maravilla estética. Y, cuando sucede un milagro así, de repente nos damos cuenta de que estamos frente a un esplendor funcional.

Uno de estos objetos milagrosos es, por ejemplo, la fórcola veneciana, técnicamente "un escálamo de madera que sirve para mantener el remo en su sitio" o, en términos más comunes, esa hermosa pieza de madera en la que los gondoleros apoyan los remos al dirigir sus suntuosas barcas.

Lo primero que llama la atención al ver una fórcola es su excepcional belleza y su atrevido diseño, que parece ser el fruto de un artista visionario. Cada fórcola es única y diferente de las demás. Cada yugo, cada codo, cada hombro y cada hueco tiene una función concreta y es el fruto de una evolución de siglos, el resultado de pequeñas mejoras continuas, que han llevado hasta la forma actual de la fórcola. Las fórcolas son, ateniéndonos a las terminología marina, como los tiburones, que han evolucionado a lo largo de miles de años hasta convertirse en los cazadores marinos más extraordinarios de nuestro planeta.

De hecho, la góndola tiene una longitud de casi 11 metros, es decir, que se trata de una embarcación grande, en comparación con muchos de los veleros y lanchas que se agolpan en los puertos deportivos. Con el uso de una fórcola y un remo, que sirve también de timón, un gondolero puede dirigir su barca y maniobrar con habilidad para evitar los obstáculos a lo largo de los estrechos canales de la antigua Serenísima República. Cada sección de la fórcola le sirve al gondolero para apoyar el remo y mantener la góndola equilibrada en todo momento.

Solo hay cuatro artesanos en toda Venecia, llamados remèri en el dialecto veneciano, que se dediquen a la producción de fórcolas y remos para góndolas y otros barcos, desde embarcaciones para competiciones de remo hasta embarcaciones de trabajo basadas en el remo de estilo veneciano. Uno de ellos es Piero Dri, cuyo taller, o botega, se encuentra entre Ramo dell'Oca y Calle del Cristo, en uno de esos viuzze (callejones) que, una vez lejos de las aglomeraciones de las "autopistas" turísticas, conducen a la magia eterna de Venecia.

Sobre la puerta, nos encontramos con un letrero que dice Il Forcolaio Matto o, lo que es lo mismo, "El loco fabricante de fórcolas", aunque en realidad Piero es un joven inteligente, tranquilo y reflexivo. También es cierto que, en la locura de nuestro mundo actual, a los sabios se los toma por locos. Su definición de su "locura" explica muchas cosas: "Me gusta hacer lo que nadie más hace. No quiero ser uno entre un millón".

En realidad, Piero, que ha heredado de su abuelo su gran atracción por el remo al estilo veneciano y las embarcaciones venecianas históricas, estudió Astronomía en la universidad. Cuando estaba en la Universidad de Padua, comenzó a sentir que le faltaba algo, una especie de nostalgia de Venecia y, sobre todo, comenzó a entender que quería hacer algo concreto para Venecia, esa parte de la Venecia del día a día que prosigue con la extensa y extraordinaria historia y tradición de la ciudad, lejos de las hordes de turistas.

Y así, en 2006, comenzó a trabajar en el taller del maestro remèr Paul Brandolisio, para iniciar su "aprendizaje", y en 2013 abrió su propia botega, donde sigue trabajando con gran entusiasmo. Su botega se ha ganado el reconocimiento de los residentes del barrio de Cannaregio, que quieren seguir viviendo en "su" Venecia.

Piero forma parte de un selecto grupo de artesanos que trabajan en el mundo de las góndolas y otras embarcaciones dirigidas con el estilo de remo veneciano, un ámbito dominado por la Mariegola, un conjunto de normas relativas a las artes, la artesanía y las asociaciones que se remonta a 1307, la época de la República Serenísima.

Venecia es la única ciudad de Italia y, muy probablemente, de Europa, en la que todavía existe la figura del battioro -el artesano que, a partir de lingotes de metales preciosos, crea las hojas de oro que se utilizan para decorar las magníficas góndolas. Situado en el centro de la botega de Piero se encuentra un modelo de 1970 de la máquina combinada Invencible 2000 D, adquirida de segunda mano a un astillero.

Todavía en perfecto estado, Dri utiliza la máquina con total maestría para los "trabajos más grandes", más concretamente, en las primeras etapas de trabajo. La fórcola se produce a partir de un tronco de nogal, que se divide en cuatro partes. Piero recoge uno de los cuartos, que también puede provenir de un cerezos o o un peral, y comienza a dar forma a la fórcola, pasando por diferentes procesos: primero, utilizando una máquina para el desbastado y, posteriormente, dándole la forma utilizando, únicamente, herramientas manuales.

Igualmente importante es la producción y restauración de los remos, que, en el caso de las góndolas, no salen nunca del agua mientras se está remando y tienen una forma hidrodinámica muy especial para ayudar a los gondoleros, que los utilizan para impulsar y dirigir las embarcaciones.

En su botega, Piero produce una amplia gama de productos además de los destinados a las góndolas, como una gran variedad de remos y chumaceras para embarcaciones para competiciones de remo. En esta línea de productos hay un proceso continuo de investigación y desarrollo con el fin de poder ofrecer a los competidores las mejores herramientas posibles: en estas competiciones de siglos de antigüedad, la forma de una chumacera y el espesor de un remo pueden ser los que marquen la diferencia entre perder o ganar.

Para los entusiastas de la navegación, la botega es un pequeño tesoro en el que pueden encontrar hélices, motones, extremos de cadenas, y muchas otras cosas esparciadas por el suelo. Los turistas más perspicazes se bajan del Strada Nova para hacer una visita a la botega y descubrir que, sorprendentemente, Venecia no es tan solo una ciudad de ropa de una marca única y tiendas de recuerdos.

Mientras cepilla un remo y lija una fórcola, Piero transmite su visión de Venecia, una comunidad que se reúne (de hecho, en su botega se han organizado diferentes recitales) e intenta conservar unas tradiciones con siglos de antigüedad y la vida cotidiana tradicional. Y no ahorra críticas contra la falta de políticas de apoyo a las personas que quieren seguir viviendo en Venecia y que no desean que la ciudad se convierta en un museo.

Concluimos nuestra conversación en Campo Santi Apostoli, dentro de una tradicional bacari veneciana, mientras intentamos elegir nuestro aperitivo entre los inevitables cichetti y tomarnos un par de ombre, para ponerle la guinda a nuestra jornada de tradiciones venecianas. Navegando a través del agua, vemos góndolas, mascarete, sandoli  y pupparin (todos los tipos de embarcaciones de remo venecianas), mientras Piero, cuando no inspecciona sus fórcolas y remos, se afana mirando hacia el cielo estrellado, que todos sabemos que se encuentra por encima de nosotros y en nuestros corazones.

Piero Dri, el loco fabricante de fórcolas (Italia)

Remos y fórcolas en Venecia

www.ilforcolaiomatto.it

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